Aero Fighters propone la fórmula clásica del matamarcianos vertical —naves, power-ups, jefes gigantes— pero la distingue el elenco: pilotos de distintas nacionalidades con final propio, incluido un perro al mando de un avión. Ese humor y esa variedad de personajes le dieron identidad en un género saturado de clones serios.
En Japón continuó como la serie Sonic Wings y sumó varias secuelas; en el resto del mundo se lo recuerda como uno de los shooters más simpáticos y accesibles de los 90, ideal para quien quiere entrar al género sin la exigencia extrema de los bullet hell posteriores.

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