Mutant Fighter reemplaza a los luchadores humanos habituales del género por un elenco de criaturas mutantes y monstruosas, cada una con movimientos especiales acordes a su fisonomía particular, dentro de un sistema de combate directo que sigue de cerca los códigos que Street Fighter II había vuelto estándar apenas un año antes.
Es una pieza curiosa dentro de la temprana ola de juegos de lucha que siguió al fenómeno de Capcom, valorada hoy por su elenco poco convencional más que por haber alcanzado gran popularidad en su momento.

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