Red Earth —Warzard en Japón— propone combates de fantasía entre guerreros y criaturas mágicas, con un sistema poco habitual para la época: el daño sufrido por los jefes controlados por la máquina persistía entre partidas, lo que generaba una sensación de desafío colectivo entre distintos jugadores del mismo gabinete.
Fue una de las primeras placas en aprovechar la potencia del hardware CPS-3 de Capcom, y aunque no generó una saga propia, se lo recuerda como uno de los fighting games más originales e infravalorados de mediados de los 90.

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