Dark Mage, programado por Greg Troutman mucho después de que la consola dejara de tener soporte comercial, logra meter una aventura conversacional al estilo Zork dentro de un cartucho de 2600, con el joystick como único método de interacción: las cuatro direcciones para moverse y el botón para confirmar. La historia pone al jugador en la piel de un bufón real expulsado por el rey Roland tras una borrachera, que debe recuperar la Rosa Negra del Reino, robada por el hechicero Neonore. Es una pieza destacada de la escena homebrew de Atari 2600: demuestra hasta qué punto los programadores actuales siguen empujando los límites técnicos de un hardware de más de 40 años, llevándolo a géneros -como la aventura de texto- que la consola casi no exploró en su vida comercial.

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