La saga de los goblins de Coktel Vision hizo del disparate un sistema: cada entrega se cuenta con las íes del título, porque cada i es un duende jugable. Esta segunda función, de principios de los noventa, encadena escenarios donde los personajes combinan habilidades para resolver puzzles de lógica torcida y consecuencias ridículas.
El humor físico —golpes, caídas, gestos teatrales— es el verdadero motor: pocas sagas francesas exportaron tanto encanto con tan pocos píxeles de estatura.
Este sistema todavía no corre en el navegador (Dreamcast, GameCube, PS2 y Xbox vienen en camino a medida que la emulación web madure). La ficha, los medios y la comunidad ya son todos tuyos.

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