Just Another Silly Sports Sim practica el arte británico de la autocrítica preventiva: «otro simulador deportivo tonto», dice la etiqueta, y con eso desarma cualquier reseña antes de empezar. El humor autoconsciente era sello de la escena aficionada, especialmente en los multievento paródicos que se reían de la solemnidad olímpica del género.
El catálogo no conserva créditos firmes, coherente con su aire de producción casera para regocijo de amigos. Queda como declaración de principios de toda una cultura: en los márgenes del software también se competía, pero sobre todo se bromeaba.
Este sistema todavía no corre en el navegador (Dreamcast, GameCube, PS2 y Xbox vienen en camino a medida que la emulación web madure). La ficha, los medios y la comunidad ya son todos tuyos.
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