THQ trajo a Game Boy Color la licencia de Ricky Carmichael, entonces la estrella del motocross estadounidense. Circuitos de tierra, saltos, y una física simplificada para que el cartucho no se ahogue. No es el juego más profundo del catálogo, pero cumple: carreras rápidas, aterrizajes que castigan y la sensación de ir siempre a fondo.

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