Capcom repitió la fórmula en 1993, con Rico McPato buscando las piezas de un mapa por escenarios nuevos. La versión de Game Boy hereda el pogo, la exploración y el buen oficio del estudio. Llegó tarde, vendió poco y hoy los cartuchos originales se cotizan como reliquias. Es tan bueno como el primero, y bastante menos recordado.
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