Samurai Shodown llevó a la Game Boy la propuesta que SNK había estrenado en los salones recreativos: combates de espada de alta letalidad, donde un solo golpe bien colocado podía definir el asalto, con un plantel de guerreros de distintas geografías y estilos. La adaptación portátil redujo la escala pero mantuvo la lógica de duelo tenso que distinguía a la serie de otros juegos de pelea de la época.
Sigue siendo un punto de referencia para quien quiere entender cómo los juegos de lucha de salón buscaron su lugar en el bolsillo antes de que la potencia de las consolas domésticas se pareciera a la de las máquinas de arcade.
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