Serie 3 de Animal Crossing-e. Cada aldeano cabía en una franja óptica al borde de la carta, densa como un código de barras enloquecido. El e-Reader la leía y el GameCube obedecía. Mathilda entra por ahí. El experimento duró poco y vendió menos de lo esperado, pero dejó un archivo físico que hoy los coleccionistas cuidan.
