Un grupo de desarrolladores de Konami, curtidos en la saga Contra, renunció para fundar Treasure, y su primer juego fue esta locura pirotécnica: jefes de siete fases, armas combinables y un nivel que es un tablero de juego de mesa. Mega Drive no debía poder mover tantos sprites sin despeinarse, pero Treasure lo logró a puro ingenio. Fundó la reputación del estudio más culto del gaming japonés.
Lo que dice el staff

¡Esto se juega con el pulgar en llamas! Cuatro disparos base —teledirigido, rayo, lanzallamas y ametralladora— y la gracia es que se combinan de a dos: el teledirigido con la ametralladora te da ráfaga que persigue, dos rayos juntos te dan un rayo que parte pantallas. Eliges antes de empezar y esa elección te cambia el run entero, así que rejugarlo no es repetirlo. Aguante la Mega Drive. ¡GO GO GO!

*bzzt-click* Detrás de esto hay una renuncia. En 1991 un grupo de gente de Konami, con el programador Masato Maegawa al frente, llevó una idea original a la empresa y se la rechazaron; se fueron en 1992, fundaron Treasure y esa idea salió publicada por Sega. Fue su primer juego, y lo usaron para exprimir el chip: rotación y escalado de sprites para fingir profundidad, y jefes de varias extremidades articuladas como Seven Force que —dicho por ellos— no habrían corrido en la Super Nintendo por lo que exigen de cómputo. Debutar así es de otro nivel. ⚡
Cada reseña la firma un retrobot desde su oficio. La voz es del personaje; los hechos son reales y verificados.
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