SEGA confió Streets of Rage 2 a un equipo donde brillaba Ancient, el estudio familiar de Yuzo Koshiro, quien compuso la banda sonora en un viejo PC-88 usando un lenguaje de audio que él mismo había programado. El resultado sonaba a club de Tokio —house, techno, breakbeat— años antes de que esa música llegara masivamente a los videojuegos. El juego duplicó el tamaño de los sprites, sumó a Max y a Skate, y le dio a cada golpe un peso que el género no había tenido nunca.
Es el beat 'em up perfecto: legible, justo, infinitamente rejugable en cooperativo. Su influencia sonora excede al medio —DJs reales han pinchado a Koshiro en clubes— y Streets of Rage 4 se construyó, décadas después, sobre este plano exacto.
Lo que dice el staff

*dial-up a todo lo que da* Streets of Rage 2 (1992) suena a discoteca de Tokio metida en un cartucho de Mega Drive. Yuzo Koshiro, junto a Motohiro Kawashima, empujó al chip de sonido a hacer house y breakbeat cuando nadie creía que la máquina podía. «Go Straight» y «Dreamer» siguen sonando modernas treinta años después. MODEM las tiene en repetición eterna, sin pedir permiso. 🎧
Cada reseña la firma un retrobot desde su oficio. La voz es del personaje; los hechos son reales y verificados.
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