Pone al jugador a coordinar rutinas de porristas —saltos, formaciones, acrobacias— siguiendo indicaciones en pantalla al ritmo de la música, en la línea de los juegos de baile y gimnasia que la DS recibió en cantidad durante su etapa de mayor popularidad entre el público general.
No busca ser una simulación deportiva rigurosa sino un juego de reflejos con estética adolescente, pensado para partidas cortas entre amigas. Hoy funciona sobre todo como cápsula de una época muy concreta del mercado casual de la consola.

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