Fiel a su nombre ('paciencia sin fin'), el juego reúne numerosas variantes del solitario clásico, jugables con el stylus como si se repartieran cartas reales sobre una mesa, sin más objetivo que resolver cada tablero a su propio ritmo.
Es un producto de nicho regional, pensado para el público neerlandés amante de los solitarios de sobremesa. Hoy es una curiosidad menor del catálogo europeo de DS.

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