Mantiene la esencia de la serie -disparar burbujas para agrupar tres o más del mismo color y hacerlas explotar- pero cambia el apuntado tradicional por un control de arrastre con el stylus, que le da un ritmo distinto a la puntería. Es una de las tantas reinvenciones que Taito probó para su clásico de los 90, aprovechando que la DS invitaba a repensar controles que llevaban más de una década sin cambios.

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