Fruto de la colaboración entre Nintendo y Sega, este título reunió por primera vez a las mascotas rivales de toda una generación -Mario y Sonic- compitiendo codo a codo en disciplinas olímpicas oficiales como atletismo, natación y gimnasia, con el resto del elenco de ambas franquicias como plantel jugable.
Más allá del interés deportivo de sus minijuegos, el verdadero atractivo del título fue simbólico: ver a Mario y Sonic del mismo lado de la cancha después de años de rivalidad marcó un antes y un después en la cultura de crossovers de Nintendo y Sega.
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