Sigue la fórmula que Puzzle Quest popularizó al fusionar el match-three con la progresión de personajes de un RPG: cada combate se resuelve combinando piezas de colores que activan hechizos y daño, mientras el personaje sube de nivel y mejora su equipo entre batallas. Esta entrega, con estructura de mazmorra más lineal que el mundo abierto del Puzzle Quest original, mantiene ese híbrido de géneros que definió a toda la franquicia.
Para los fans de Puzzle Quest fue una continuación bienvenida de una fórmula que había demostrado ser sorprendentemente adictiva; para el resto, una introducción más al género del match-three RPG que floreció en la segunda mitad de la década.
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