Otro socio del club clandestino: mahjong japonés no licenciado para público adulto, con partidas reglamentarias y recompensas indiscretas al estilo de la casa. Estos cartuchos financiaron toda una industria paralela durante la era dorada de la Famicom. Hoy se leen como sociología: el reverso nocturno de la consola familiar perfecta.

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