Konami cerró la trilogía con su obra más ambiciosa: rutas ramificadas, tres aliados reclutables, del pirata Grant a Alucard, el hijo de Drácula, y un chip especial que hacía cantar a la Famicom. Cada camino es una campaña distinta. Para muchos, el mejor Castlevania clásico y uno de los grandes cartuchos jamás fabricados.
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