David Crane, leyenda de Atari y creador de Pitfall!, imaginó esta maravilla: un niño y su blob alienígena que se transforma según la gominola que come —escalera, trampolín, agujero—. Sin violencia, puro puzzle de exploración y confianza mutua. Críptico y frágil, sí, pero de una ternura y originalidad que la consola rara vez volvió a tocar.
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