Shogi doméstico consagrado al Ryuuousen, el torneo del dragón rey que junto al Meijin domina el calendario profesional japonés. Aperturas, mates y un rival electrónico paciente para pulir el juego propio. Parte del nutrido estante de shogi de la Famicom, ese género invisible para Occidente que en Japón vendía con constancia de best seller silencioso.

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