Entrega de 1992, cuando la Famicom ya era veterana y Famista seguía siendo razón suficiente para no jubilarla: plantillas actualizadas, modos afinados y la fórmula de siempre en su punto de cocción exacto. La serie anual de Namco sostuvo la vida comercial de la consola en Japón hasta el final. Lealtad beisbolera a prueba de generaciones.

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