Hazaña del circuito pirata chino: encoger el quinto Final Fantasy, un mastodonte de Super Famicom, a cartucho de 8 bits sin licencia ni miedo. Los demakes de la escuela de Shenzhen son legendarios por su ambición desproporcionada: sistemas recortados, esencia sorprendentemente reconocible. Contrabando técnico de altísimo nivel y patrimonio Famiclone de primera clase.

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