La casa embrujada como género en sí mismo: habitaciones oscuras, presencias hostiles y la valentía medida en pasos. Este cartucho recoge esa tradición del terror doméstico de 8 bits, donde la imaginación completa lo que los píxeles insinúan. El miedo en la NES siempre fue artesanal: una puerta que cruje vale más que mil polígonos.

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