Bandai convirtió la Famicom en máquina de karaoke doméstica: cartucho con ranura para cassettes de canciones y micrófono incluido, puntuando la entonación del living familiar. Periférico visionario que anticipó décadas de juegos musicales. Como artefacto, es de las piezas más japonesas jamás fabricadas: tecnología, pop y sobremesa en un solo invento.
