Ningún contrato unió jamás a Namco y Taito en un cartucho, pero la piratería no necesitaba contratos. Esta combinación apócrifa juntó al comecocos con los dragones burbujeantes para tentar a cualquier niño frente al mostrador. Patrimonio popular del circuito famiclone: sin créditos, sin caja oficial y con el descaro comercial que definió a toda una era.

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