Este simulador propone recorrer salones de pachinko y vencer sus máquinas una por una, administrando bolitas como si fueran vidas. La clave está en leer los clavos y encontrar el punto dulce del disparador. Parte de la fiebre de simuladores de azar que llenó el catálogo tardío de la Famicom con oficios y vicios de adulto.

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