Penguin-kun Wars inventa un deporte: dos bandos se lanzan pelotas a través de una mesa y gana quien menos bolas acumule en su lado al sonar la campana. Simple, frenético y sorprendentemente táctico, con torneos contra animales cada vez más tramposos. Culto absoluto en Japón, donde su fórmula de esquive sobre mesa nunca fue igualada.

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