Uno de los usos más extraños que se le dio a la Famicom: software vinculado al servicio de sastrería Radac, orientado a tomar medidas y encargar ropa a medida. No es un juego, es una terminal comercial disfrazada de cartucho. Documenta hasta qué punto la consola fue, en Japón, un electrodoméstico de propósito general antes que una máquina de jugar.
