El heraldo de Galactus protagoniza uno de los juegos más difíciles jamás publicados en NES: un roce, una muerte, sin excepciones. Su leyenda negra convive con una verdad incómoda: la banda sonora de Tim Follin es de lo mejor que ha sonado en el chip de la consola. Martirio jugable, éxtasis auditivo, culto asegurado.
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