Uno de los dos únicos juegos del robot R.O.B.: la pantalla da órdenes y el autómata mueve bloques físicos de colores en el mundo real, mientras el jugador coordina la danza entre lo digital y lo tangible. Experimento fascinante de 1985 que ayudó a vender la NES como juguete. Hoy es santo grial del coleccionismo periférico.
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