Accolade reactivó en 1997 una de las marcas más antiguas del automovilismo digital, nacida en los ochenta, y la adaptó al disco con su idea más pegajosa: enfrentar clásicos musculosos de los sesenta contra deportivos modernos por carreteras abiertas, con patrullas persiguiéndote. Sin licencias de circuito ni pretensión de simulador, apostó todo al gusto por la velocidad prohibida.
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