Capcom entró al snowboard con una propuesta más arcade que simuladora: bajadas rápidas, saltos exagerados y un catálogo de trucos pensado para encadenar. Llegó en pleno auge de los deportes extremos en consola, cuando cada editora quería su tabla. No es el mejor del género en PlayStation, pero cumple con solvencia y tiene un tacto ágil que envejeció mejor de lo esperable.
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