Sony firmó unas carreras de lanchas motoras cuyo mayor mérito era el agua: un oleaje dinámico que alteraba la trazada y obligaba a leer la superficie, no solo el trazado. Técnicamente notable para 1998, con circuitos vistosos y sensación de velocidad real. Nunca alcanzó el estatus de Wave Race, pero es de lo mejor que PlayStation ofreció sobre el mar.
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