Edición japonesa de echochrome, el experimento de Sony sobre ilusiones ópticas: un maniquí camina por estructuras imposibles y el jugador rota la cámara para que la perspectiva se vuelva realidad —si dos caminos se ven conectados, lo están—. Blanco, negro y un violín de fondo.
Es uno de los picos conceptuales de la era experimental de PlayStation, un juego que cabe en una idea y la agota con elegancia. El título japonés, corredor infinito, lo define mejor todavía.

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