Fútbol americano arcade de American Sammy donde el reglamento es decorativo: golpes desmedidos, ritmo bruto y cero pretensión de simulador. Compitió en un género dominado por Madden ofreciendo exactamente lo contrario: caos inmediato de sofá. La crítica lo ignoró, los alquileres de viernes le dieron su pequeña vida útil. Furia honesta, literal.
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