Secuela directa que continúa la cruzada de convertir el pachinko en contienda épica. Nuevas máquinas por dominar y la misma liturgia hipnótica de bolitas de acero que define el ocio popular japonés. Que un simulador de pachinko justificara secuelas dice todo sobre el apetito local por el género, un fenómeno comercial invisible desde Occidente.

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