Arqueología
Un dragón junta poderes recorriendo un centenar de pantallas, en 1988, en una computadora británica de bajo presupuesto. La sorpresa no es la fecha: es la máquina.
Mismo año, misma casa que Zybex, pero otra firma en la caja. Cuando Zeppelin Games saca Draconus en 1988 para Atari de 8 bits, lo hace bajo Cognito, uno de los sellos que la compañía reservaba para sus lanzamientos de precio completo: la excepción dentro de un catálogo pensado, por lo demás, para vender barato. Detrás del rótulo distinto, el mismo equipo de siempre.
El protagonista es Frognum, una criatura entre dragón y serpiente que tiene que recuperar su reino de manos de la Bestia Tirana. Ahí termina la trama que el juego se toma la molestia de explicar: lo demás es explorar, y explorar mucho.
Draconus propone recorrer, corriendo y saltando, alrededor de cien pantallas conectadas entre sí. Frognum arranca con dos recursos: un aliento de fuego que se gasta y se repone juntando ítems, y un golpe cuerpo a cuerpo sin límite. Antes de llegar a la batalla final hay que encontrar cuatro habilidades especiales escondidas en el mapa, cada una necesaria para abrirse paso a zonas que antes estaban cerradas. Los peligros del camino son concretos: el agua, las caídas largas y las púas matan, y unos puntos de control -las "Record slabs"- son el único alivio para no volver a empezar de cero.
Es tentador escribir que Draconus se adelantó al metroidvania. Es falso, y conviene decirlo así de directo: Metroid es de 1986, dos años antes, y para 1988 esa estructura de exploración con poderes que abren camino ya era un género reconocible, no una rareza. Lo que hace interesante a Draconus no es la fecha: es dónde y con qué plata aparece esa fórmula. No es una consola japonesa con el desarrollo que Nintendo podía bancarse, es una computadora de 8 bits europea, hecha por una casa de budget software que un año antes ni existía. La pregunta que vale la pena hacerse no es "quién llegó primero", sino cómo una estructura de ese tamaño entra en el presupuesto de un estudio chico.
Los créditos que reconoce la documentación disponible -sin desglose por versión- incluyen a Kevin Franklin, Ian Copeland, Brian Jobling y Michael Owens, con música otra vez de Adam Gilmore, el mismo compositor de Zybex. La firma se repite; el oficio, también.
La recepción de la época hay que leerla con cuidado, porque no toda corresponde a la misma versión. Crash le puso 90% y el premio Crash Smash, y Sinclair User 94 sobre 100 con su sello SU Classic: las dos notas son de la versión ZX Spectrum. Zzap!64 lo calificó con 92%: esa nota es de la versión Commodore 64. Ninguna de las tres habla puntualmente de la versión Atari que fichamos hoy.
Lo que sí es un mérito específicamente atarista es otra cosa: Draconus quedó dos veces en el primer puesto del Top Ten de lectores de la revista alemana Atari Magazin. En un mercado atarista alemán bastante más chico que el de Spectrum o C64, ese doble primer puesto dice bastante sobre cuánto se lo jugó ahí ese público.
Entre Zybex y Draconus hay más que una casualidad de catálogo: es la misma casa, el mismo compositor, el mismo año, probando dos géneros distintos con la misma lógica de presupuesto ajustado y ambición corta pero bien apuntada. Zeppelin, con o sin el nombre Cognito en la tapa, sabía lo que hacía.
La ficha de Draconus está acá abajo, con su año, su sello y lo que propone como aventura. Y si venís de la nota de Zybex, abrí las dos: es la misma casa probando dos géneros con el mismo presupuesto corto.
A jugar