Bubbles, publicado por Williams en 1982, traslada la fórmula de perseguidor-perseguido de la era post-Pac-Man a un escenario doméstico insólito: el jugador controla una burbuja de jabón que debe limpiar manchas de grasa en el fregadero mientras esquiva cucarachas y arañas. Es uno de los ejemplos más extravagantes de la fiebre de clones de laberinto de principios de los 80. Hoy se lo recuerda, más que nada, por esa premisa tan particular: un signo de la enorme creatividad, y a veces el desconcierto, con que la industria intentaba diferenciarse dentro de un género que en apenas dos años ya estaba saturado de imitadores.
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