Kageki propone combates de boxeo con un elenco de peleadores estrafalarios, apostando al espectáculo sonoro —los característicos gritos digitalizados de cada golpe— como marca distintiva dentro de la oferta de juegos de lucha deportiva de fines de los 80.
Quedó como una placa de culto por lo particular de su presentación sonora, un recurso que muchos recuerdan incluso sin haber jugado demasiado al título en sí.
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