Escape from the Dungeon of the Gods apila en su título tres promesas clásicas -fuga, mazmorra y dioses- que cualquier jugador de los 80 sabía descifrar: exploración subterránea con salida difícil. El formato de «escapar de» fue columna vertebral de la aventura de la época, del texto puro al laberinto gráfico.
El catálogo de Atari no conserva créditos ni año confiables de esta pieza, de modo que el panteón sigue guardando su secreto. Queda el nombre, rimbombante y delicioso, y la sospecha de que algún aficionado construyó este olimpo subterráneo con más entusiasmo que presupuesto.
Este sistema todavía no corre en el navegador (Dreamcast, GameCube, PS2 y Xbox vienen en camino a medida que la emulación web madure). La ficha, los medios y la comunidad ya son todos tuyos.

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