Wizard Video Games licenció el clásico slasher de 1978 para construir un juego en el que hay que cuidar niños dentro de una casa mientras un asesino invisible —la presencia de Michael Myers, sugerida más que mostrada— acecha por los pasillos, con manchas de sangre en pantalla si no se llega a tiempo a protegerlos. Fue, para su momento, uno de los cartuchos más explícitos del catálogo del 2600, lo que generó cierta polémica en un mercado todavía poco acostumbrado a la violencia gráfica en un juego de consola.
Hoy se lo recuerda como una rareza de culto, más citada por su historia y su rareza en el mercado de reventa que por ser, en los hechos, una experiencia de terror particularmente lograda.

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