Formó parte del lanzamiento fundacional de la consola, en una época en que Atari todavía no sabía bien cuánto podía pedirle al hardware: dos equipos, un bateador, un lanzador y la física más elemental posible para simular jonrones y outs. No hay estrategia ni variantes de juego más allá de esa base, típica del primer puñado de cartuchos que acompañó al 2600 en sus primeros meses de vida.
Se lo recuerda hoy exclusivamente por su lugar en la historia, como parte del catálogo fundacional que definió, para bien y para mal, qué se esperaba de un juego de deportes en consola doméstica.

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