Bangai-O llegó a Occidente conservando intacta la idea central de Treasure: robots que absorben misiles enemigos para devolverlos multiplicados, niveles pensados como acertijos de destrucción y un cooperativo que multiplica el caos en pantalla hasta límites casi ridículos.
Con el tiempo se convirtió en un juego de culto, redescubierto por la comunidad shmup y celebrado como uno de los mejores exclusivos tardíos de la consola. Sigue siendo una experiencia única, difícil de replicar en cualquier otra máquina de la época.
Este sistema todavía no corre en el navegador (Dreamcast, GameCube, PS2 y Xbox vienen en camino a medida que la emulación web madure). La ficha, los medios y la comunidad ya son todos tuyos.
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