Adaptación europea de la comedia familiar sobre el San Bernardo gigante, con el perro recorriendo fases de plataformas para reunir a los suyos. Producto de licencia de principios de los noventa, cuando cualquier éxito de taquilla familiar recibía cartucho casi por obligación contractual. Modesto en todo, correcto en poco, y hoy más recordado por la película que por el juego.

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