Rompeladrillos japonés para Game Boy, con la pala, la bola y los muros de siempre, más variantes de fase y potenciadores. No pretende reinventar nada y no lo necesita: el género se sostiene solo desde 1976. Exclusivo de Japón, aunque su barrera idiomática es prácticamente nula. Ideal para partidas de dos minutos, que era justo para lo que existía la consola.

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