Hudson saca a Bomberman de sus laberintos y lo mete en un rol de acción: exploración de un mundo abierto por zonas, enemigos que dejan poderes al ser derrotados y una progresión basada en recuperar las habilidades perdidas tras un naufragio. La ruptura con la fórmula es total y el resultado, mucho más interesante de lo que su recepción tibia dejó entrever.

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