Con la familia prehistórica más popular de la tevé como excusa, este plataformero toma prestada la vieja idea de BurgerTime: recorrer niveles armando hamburguesas gigantes mientras se esquivan enemigos que buscan arruinar el trabajo. La Game Boy Color permitía por fin mostrar los ocres y verdes de Bedrock con algo de vida, algo que las versiones monocromáticas de licencias animadas no podían ofrecer. Hoy sobrevive como una curiosidad de coleccionista de licencias de dibujos animados más que como un título que se recuerde por su jugabilidad. Tiene sentido revisitarlo para entender cómo Hollywood desembarcaba en la portátil de Nintendo con fórmulas simples, coloridas y sin demasiadas pretensiones.

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