Lunar Lander recrea el concepto que Atari popularizó en los salones arcade de fines de los setenta: controlar el descenso de un módulo lunar administrando el empuje de los motores contra la gravedad, buscando aterrizar suavemente sobre plataformas cada vez más exigentes. Es uno de los conceptos más antiguos y elegantes del videojuego de simulación física, y su llegada a Game Boy demuestra la vigencia de una idea tan simple como efectiva: la tensión de cada aterrizaje no envejece.

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