Carta de vecino de la Serie 3. El e-Reader era un accesorio quisquilloso: exigía buena luz, pulso parejo y paciencia. Recién entonces Leopold aparecía. Nada de esto era necesario para disfrutar Animal Crossing, pero abría una puerta que el juego cerraba por diseño: elegir. Por eso el sistema, con todos sus defectos, se recuerda con cariño.
